Esta nota la escribo la mañana de “el día después” de la gran Final. Intenta reconstruir la “previa” al partido que definió a Alemania como el nuevo Campeón.
Domingo 13 de Julio de 2014. Niteroi, en la Bahía de Guanabara, del otro lado de Rio de Janeiro. Al mediodía continuaba el tiempo maravilloso en la zona donde se iba a jugar la Final del Mundial.
La nota que titulé “Confiando en las propias fuerzas” me llevó más tiempo de lo que hubiera querido, pero quedé muy conforme cuando la terminé. Expresaba mis opiniones, sueños y deseos para el partido final. No la pude mandar enseguida porque ya no tenía internet. Por la hora avanzada del mediodía, me di cuenta que no me iba a dar el tiempo para ir al Maracaná para hacer parte de la previa ahí.
Crucé a la avenida costanera junto a la playa de Icaraí, que mira de frente al Pan de Azúcar y al Corcovado con el Cristo Redentor. Saqué unas fotos y esperé unos quince minutos a mi primo Mario, porque nos desencontramos. Yo ya tenía puesta la camiseta de Argentina, y en ese cuarto de hora ninguno de los muchos brasileños que pasaron al lado mío, me hicieron al menos un gesto de buena voluntad. Creo que lo menos que sentían era incomodidad de ver un argentino que estaba ilusionado por ver a su equipo en la Final de la Copa, y ellos no podrían.
Me subí a un ómnibus que cruzó la bahía sobre el puente de 14 kms. que une Niteroi con Rio, y percibí ahí la misma actitud. Saqué algunas fotos, incluso cuando el bus pasó por el Sambódromo y se podía apreciar una gran cantidad de autos argentinos estacionados ahí. Los hinchas ya habían partido de uno de sus puntos de albergue comunitario principal en la “invasión” de argentinos en Rio.
Ya a esa altura podía comprobar el estado anímico del brasileño de Rio. No pensaba alentar a la Argentina, y ni siquiera le mostraba simpatía. Solo cuando me estaba por bajar e hice una pregunta a unos pasajeros , lo que me habilitó a charlar un poco con ellos, encontré una cierta mejor recepción.
Ahí conocí a una joven pareja que también se encaminaba a la Fan Fest de Copacabana. Bajamos juntos charlando animadamente, y fue muy agradable hacerlo. Nos sacamos una foto a la salida del Metro, a unas cuatro cuadras de la playa, ya en medio de una marea de argentinos e hinchas brasileños, que se provocaban entonaban cánticos de “guerra” en los pasillos antes de salir a la rua.
A eso de las 14 hs. la multitud ya era notoria y mostraba gran algarabía en las calles que llevaban a la playa o eran paralelas a la misma. Ya se podían ver muchísimos brasileños con la camiseta de Alemania, o al menos tenían una bandera o su rostro pintado con los colores de la bandera alemana. Si no fuera porque uno dudaba por el aspecto de las cara, uno hubiera creído que había muchísimos alemanes en Copacabana.
Había muchísimos neutrales o nativos de países no comprometidos con la Final o con el país anfitrión, que tomaban partido por una u otra selección. Yo saqué una foto a una mujer que estaba disfrazada de Argentina, y era de Centroamérica si no recuerdo mal. Un poco después saqué otra foto a una argentina que estaba acompañada por una española, y que también había hecho lo mismo.
Al desembocar en la famosa Avenida Atlántica paralela a la playa de Copacabana, el panorama era espectacular. Masas multicolores se desplazaban por la calle o por la vereda charlando, riendo, sacándose fotos, cargándose, etc… como en procesiones desordenadas. Por un lado un grupo de argentinos desafiaba a los brasileños con el “Brasil decime que se siente”, que era respondido casi enseguida con el “Mil gols, mil gols, só Pelé…”
Un compatriota tocaba el bandoneón en la vereda mientras una pareja bailaba tango, tratando de ganarse unos reales o dólares. Les saqué unas fotos y los invité a comentar algo en el Blog. Había un puesto donde te podían pintar la cara y el pago era a voluntad. Yo quería pintarme, pero había cola para hacerlo.
La playa estaba llena de gente y a esa altura de los acontecimientos yo ya sabía desde hacía rato que casi con total seguridad no iba a entrar al recinto de la Fan Fest. Lo comprobé enseguida cuando leí un cartel indicando que ya estaba lleno. No tuve tiempo de lamentarlo porque vi que había otra pantalla un poco más atrás, por lo tanto seguí disfrutando de atravesar la marea humana que portaba camisetas, gorrros, banderas y locales o turistas en traje de baño tomando sol, bañándose en el mar o incluso haciendo jueguito evitando hacer caer la pelota.
Saqué muchas fotos mientras charlaba con algunas personas de las que posaron para mí o junto conmigo. Los argentinos eran provenientes de distintas partes del paía, e incluso charlé con un grupo de unas siete personas que se habían ido a vivir y trabajar a Buzios hace unos cuatro años. Me crucé con gente de Córdoba, de Santa Fé, de Corrientes, de Misiones, de la provincia de Buenos Aires, de la Capital, etc.. Todos muy ilusionados y entretenidos de estar ahí en la playa más conocida de Rio de Janiero, en la previa de la gran Final. Pese a la gran dificultad que presentaba la empresa de ganar la Copa, se los veía como me sentía yo, contentos, alegres, orgullosos y con muchísimas ganas de sentirse campeones. En el fondo teníamos ganas de llegar a festejar por nosotros, por nuestra gente, y también con el secreto deseo de mostrar nuestra alegría y orgullo a los brasileños, con los cuales veníamos teniendo una rivalidad que nos mantenía alejados.
Esa tarde, en ese lugar, se pudo comprobar con total claridad que los brasileños estaban en su inmensa mayoría en contra nuestra, más que a favor de Alemania, que les había propinado la mayor deshonra de su gloriosa historia futbolística. Sin embargo, increíblemente, ellos fueron capaces de comprar y ponerse camisetas alemanas. Un diario brasileño había titulado que alentar a los germanos sería “colonizaje”. Por lo visto no fueron muchos los que le prestaron atención a la nota.
Encontré bastante pocos alemanes “de verdad” entre tanta gente, y me costó identificarlos entre tantos germanos “truchos”. Tuve que preguntar si eran brasileños o alemanes, y muchos veces fueron locales, a los cuales también les saqué fotos.
Luego de divertirme mucho y gozar de una fabulosa previa playera de la Final entre Argentina y Alemania en Rio de Janeiro, alma y corazón de Brasil, me dirigí a la Avenida Copacabana en busca de un local de internet para enviar la nota que había escrito a la mañana. Conseguí un local y subí la nota al Blog, tan solo a tiempo para ocupar un lugar en la playa ya al filo del pitazo inicial de la gran Final. No había tenido tiempo de ponerme nervioso siquiera.
Con la satisfacción de haber vivido lo que quería vivir en el “lugar de los hechos” en la “previa” a la Final, me dispuse a concentrarme en el partido.